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Por Marcos Galera, Socio Fundador de Agaz

 

La situación de extrema gravedad que se viene viviendo en Ucrania en los últimos meses, y que en las pasadas semanas se ha intensificado tras el derribo del avión de Malaysia Airlines, tiene ramificaciones en todos los estratos de la sociedad. Y uno de ellos es el fútbol.

Cinco años atrás Ucrania era un destino creciente en el mercado futbolístico, con grandes clubes que fichaban entrenadores y jugadores (sobre todo sudamericanos) con sueldos muy apreciables. Ello hizo que el nivel medio de la liga ucraniana creciera y que uno de sus equipos, el Shaktar Donetsk, se convirtiera en un clásico de la Champions League. Pero esas esperanzas se las llevó la guerra.

Hoy en día se está produciendo un éxodo masivo de jugadores de la liga ucraniana, que asustados ante la posibilidad de una guerra más abierta, retornan a sus países de origen. Los últimos casos conocidos han sido los del argentino Facundo Ferreyra y los brasileños Ismaily, Fred, Dentinho, Douglas Costa y Alex Teixeira, todos ellos jugadores del Shaktar.

Pero, ¿en qué situación contractual quedan estos deportistas tras su abandono del puesto de trabajo? Es evidente que están incumpliendo un contrato firmado, por lo que en principio deberían hacerse cargo de las sanciones derivadas de dicho incumplimiento, que serían, según Rinat Ajmetov, presidente del club, astronómicas.

Para establecer concretamente cuáles serían esas sanciones habría que conocer las cláusulas específicas de cada contrato, y comprobar si tienen alguna previsión de abandono del club por fuerza mayor. En cualquier caso sí que es previsible que un juez diera la razón a los futbolistas en el caso de llevar el caso a la Justicia Ordinaria (suspendiendo de forma provisional dichas indemnizaciones en unas medidas cautelares que les eximieran de tan onerosos pagos), aunque aquí se abre otro interrogante. Dado que la demanda sería interpuesta en el lugar donde se desempeña la labor, en este caso Donetsk, ¿quién garantiza la independencia del poder judicial en ese lugar en conflicto? Más aun, ¿es alguien capaz de predecir cuál será la estructura jurídica de esa provincia dentro de unos meses? ¿Estará integrada en Ucrania, en la Federación Rusa o será un territorio independiente? Muchas incógnitas que podrían alargar el proceso durante muchos años.

No mucho mejor parece la perspectiva desde el punto de vista meramente deportivo. Si los jugadores “fugados” quieren seguir jugando al fútbol deberían formalizar la rescisión de sus contratos en Ucrania (algo que, según parece, el club no va a permitir) o acudir al Tribunal de Arbitraje Deportivo (el TAS de Lausana) para exponer su caso y acreditar las circunstancias especiales que lo rodean. En cualquier caso la decisión del TAS se haría pública en un plazo no inferior a seis meses, y no necesariamente sería favorable a los deportistas, por cuanto la jurisprudencia de este tribunal de arbitraje nos habla de un rígido legalismo y positivismo, siempre acorde a las normas y sin apenas atender a excepciones.

Sin duda una decisión arriesgada la tomada por estos deportistas, en la que ha pesado más su propia seguridad y la de sus familias que el continuar con su carrera como futbolistas de élite, y que puede mantenerlos alejados de los terrenos de juego durante muchos meses o años.

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