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Por Eliseo Caballero Director de Consultoría de Agaz

La mañana del nueve de octubre repasando la prensa económica me encontré con  una noticia que seguramente pasará desapercibida para la mayoría, pero que tiene un interés muy importante sobre todo para las empresas familiares. Es por ello que, una vez leída la misma, he decidido  escribir este artículo.

500 millones de euros de facturación, líder en su sector,  una marca mundialmente reconocida… si estas fueran las pistas para adivinar el nombre, nos vendrían a la mente cientos de  empresas, pero si a estas pistas le añadiésemos, que los socios durante más de 50 años han sido cuatro hermanos y que hasta hace poco, los consejos de administración se hacían en una mesa camilla y que estos hermanos eran octogenarios… la empresa se reduce a una sola: Freixenet.

Estos cuatro hermanos en el año 2009 tenían: José 84 años, Dolores 87 años, Carmen 90 años y Pilar 92 años.

Desde mediados del 2009, José Ferrer dejó de formar parte del consejo de Freixenet pese a que entonces era uno de los cuatro accionistas del grupo. En el 2007 empezó lo que parecía imposible: José  en una conversación con sus hermanas Pilar (92), Carmen (90) y Dolores (87)  constató la realidad: “somos muy mayores”. Les obligó a pensar en el relevo, en dejar de reunir ese consejo de administración que decide el futuro de 500 millones de euros de facturación y filiales por todo el mundo “en el comedor de casa, como siempre fue”.

No fue fácil. Hasta algunas conversaciones posteriores no encontró el sí convencido de sus tres hermanas, que argumentaban lo que de otra forma venía a ser cierto: “toda la vida hemos estado los cuatro, lo hemos hecho bien y hemos estado a gusto”.  Pero “aquel consejo ya no era propio de una compañía moderna”, señala.

2009 fue así el año del estreno, de la Freixenet 3.0, de la nueva generación que integra ahora el consejo  y que puede asumir la evolución del software. Son doce: los hijos de tres de los hermanos, ya que Dolores no tiene descendientes, con edades comprendidas entre los 45 y los 70 años, pero ha supuesto una revolución importante en el seno de los nuevos estatutos. Para empezar, ya no es necesario tener una acción de la compañía  para tener asiento en el consejo. Y después, el cambio ha sido aprovechado para reservar dos sillas para posibles consejeros independientes, ajenos a la familia, que no tienen todavía fecha de incorporación.

“Con tanta gente de la familia en el consejo será bueno contar con personas que aporten una imagen desde fuera”, señalaba por aquel entonces José Ferrer, la auténtica alma que revolucionó Freixenet desde que tomara la riendas del grupo a los 31 años de edad, tras la prematura muerte de su padre durante la Guerra Civil y tras ser formado por su madre para dirigir la compañía.

Pero aunque él fuera quien incitara la nueva etapa, echaba cosas a faltar. En el año 2009 que dejó de tener voz y voto en el consejo de administración del grupo, para pasar a formar parte de una comisión de experiencia formada junto a sus hermanas. Freixenet estaba ahora en manos de sus hijos y sobrinos, seis hombres y seis mujeres. ¿El incremento del grupo podría generar problemas en el futuro como ha sucedido en otras compañías catalanas?

Codorníu, justo el competidor de Freixenet, con 200 accionistas, tuvo no hace muchos años sus tensiones  internas, generadas por encontrados puntos de vista de las diferentes ramas familiares.

Llegados a este punto, la noticia de hoy es: “la muerte de la tía Lola rompe el equilibrio empresarial en Freixenet” ( fuente: el confidencial.com)

“A finales de este mes de octubre, Freixenet celebra su primera junta de accionistas sin Dolores Ferrer Sala, más conocida como la tía Lola. Dolores Ferrer falleció el pasado mes de julio a la edad de 92 años. Fuentes conocedoras de los entresijos de la empresa explican que el paquete de acciones de la tía Lola, que en vida había sido una fiel aliada del presidente de honor José Ferrer, se repartirá entre él y el resto de socios, lo que cambiará los equilibrios accionariales en el primer fabricante de cava de España.

Los accionistas históricos de Freixenet eran José Ferrer y sus tres hermanas: Dolores, Carmen y Pilar. José Ferrer, en su calidad de primogénito, recibió más acciones del grupo, un 35%. El 65% restante se repartió entre sus tres hermanas, con un 21,6% cada una.

La tía Lola murió sin hacer testamento, era soltera y sin hijos ni descendientes. Por tanto, su 21,6% se repartirá entre sus tres hermanos, si bien esto no se ha formalizado todavía ya que, como ocurre en estos casos, lo ha de decidir un juez.

Dolores Ferrer siempre fue un personaje entrañable, muy querido en la bodega y tradicionalmente había ocupado la secretaría del consejo. Siempre había apoyado de manera leal la gestión de su hermano mayor. Gracias a ella, José Ferrer había controlado hasta ahora más del 56% de las acciones de Freixenet.

De cualquier modo, el reparto ya se da por hecho y se está realizando en un clima de buena armonía entre las tres ramas de la familia: los Ferrer –incluyendo los hijos de José Ferrer: Pedro Ferrer, José María Ferrer y sus dos hijas–; los Hevia-Ferrer, descendientes de Carmen; y los Ferrer-Bonet, cuyo representante más destacado es el actual presidente de Freixenet, Josep Lluís Bonet, hijo de Pilar.

Tras el reparto del paquete de la tía Lola, José Ferrer y su línea familiar controlarán un 42%, mientras que la rama de Josep Lluís Bonet tendrá un 29%, lo mismo que la de los Ferrer-Hevia. Es decir, antes José Ferrer y la tía Lola tenían el control de la empresa. Ahora, el presidente de honor y sus hijos se quedan por primera vez en minoría.

Tiempos de cambio

En medios cercanos a Freixenet se da por hecho que las otras dos ramas de la familia que ahora configuran una nueva mayoría en el capital esperan consensuar algunos cambios. Entre ellos, profesionalizar la gestión y alejar a la familia de las primeras líneas de los puestos directivos.

Esto pasaría por nombrar un director general ajeno a la familia, algo a lo que hasta ahora José Ferrer se había negado. Si esto se produjese, el objetivo sería una optimización de costes, sobre todo en el negocio en España, y tanto José Ferrer, como Josep Lluís Bonet como el director financiero Enrique Hevia pasarían a un segundo plano”.

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