Globalten Noticia, Opinión

Por Miriam Martínez

Responsable del Departamento Strategy & Operations de Agaz [ ]

Todos estos conceptos se apoyan sobre el mismo principio: individualizar servicios y procesos en unidades subcontratables para hacerlos más eficientes.

El “outsourcing”, la subcontratación o terciarización, es el proceso económico mediante el cual una empresa mueve o destina los recursos orientados a cumplir ciertas tareas hacia una empresa externa por medio de un contrato.

Dicha subcontratación puede realizarse dentro del mismo país o fuera de este, que es lo que se conoce como “offshoring”. Si se trata de un país fronterizo, donde lo que se pretende es aprovechar la proximidad geográfica, temporal, cultural, lingüística, etc., entonces hablamos de subcontratación “nearshore”.

Hoy en día, dada la continua desaparición de barreras, la problemática está en analizar bien que procesos se pueden dejar en manos de otros. Para ello, la empresa deberá tener muy claras cuáles son sus ventajas competitivas (liderazgo en costos, diferenciación y/o enfoque en la estrategia) y cuáles son las actividades que son parte del núcleo del negocio.

Una vez tomada la decisión de deslocalizar algún proceso, hay que estudiar muy bien dónde. Muchas empresas únicamente buscan países con bajo coste en mano de obra o fiscalmente interesantes y no se anticipan a los posibles problemas logísticos (freno de la planificación “Just in Time”), pérdida de calidad, menor control en los procesos o problemas en el abastecimiento de las materias primas.

En contraste con la tendencia del outsourcing, se encuentra el “insourcing”. No se trata de “traer dentro” cualquier actividad y de cualquier compañía, sino solo aquellas (y de aquellas) integradas en la cadena que pueden ser asumidas más eficientemente por la empresa receptora, liberando valor en beneficio del cliente final. Un ejemplo de esto lo tenemos en UPS, la cual ha integrado a sus procesos la reparación de ordenadores Toshiba.

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