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Por Patricio Rodríguez

Departamento de Auditoría de Agaz [ ]

Tras casi veinte años de negociación, (“por fin” para algunos, un “fracaso” para otros), culmina la adhesión de Rusia a la Organización Mundial del Comercio (OMC), superandose así los quince años de negociaciones para la adhesión de China que finalizó en 2001.

Con éste, son ya 156 los miembros de la OMC. De este largo proceso, ¿habrán surgido vencedores y vencidos? Veamos.

La propia Comisión Europea ha manifestado que esta adhesión es todo un logro para ambas partes, considerando que para Rusia la UE es su “mejor” socio comercial y, para la UE, Rusia ha sido, es y, probablemente será, uno de los principales socios comerciales de la UE. Figuras del panorama político y empresarial ruso, se han pronunciado en el mismo sentido.

La consecuencia directa de este hecho es la reducción de los aranceles con la consiguiente estimulación de la entrada de productos “extranjeros” en la Federación Rusa, flexibilizándose así su comercio internacional y dotándola de mayores tintes de modernización. Sin embargo, existen detractores que consideran que esta integración dará lugar a un inminente crecimiento competitivo de los productos importados que condenarán a la desaparición de diversos productos tradicionales del tejido empresarial soviético. El temor de estos detractores se fundamenta en que la economía rusa es débil y se trata de un país con escasa competitividad. De ser así y, si no logra “adaptarse en tiempo y forma” a las actuales fórmulas comerciales y mercantiles, dicho temor se convertiría en un hecho.

Para el lector/a que esté pensando qué productos se comercializan con este país, le diré que es muy rica en materias primas y recursos energéticos siendo importadora de productos elaborados o manufacturados, fundamentalmente, sectores que, a partir de ahora, (supuestamente) deben aumentar en tamaño y en número.

Ahora bien, si esta adhesión es tan ventajosa, ¿por qué ha llevado tantos años de negociación? Pues muy sencillo: por una lucha de titanes por el poder y el control. Una potencia mundial como es Rusia, “se mira al espejo” y cuestiona su sostenibilidad y supervivencia, estando dispuesta a ceder parte de su soberanía y acatar las directrices de supervisión y control de la OMC a “cambio de un trocito del pastel”. Por otro lado, a la UE que dicho sea de paso no atraviesa por su mejor momento, se sitúa en el lugar adecuado en el momento adecuado. Como dicen los expertos en marketing, estaríamos ante el modelo de acuerdo win to win.

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