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Barón de Holbach, escritor y filósofo francés, se planteaba, en el siglo XVIII, esta pregunta:

“¿Qué confianza puede tenerse ni qué protección encontrarse en leyes que dan lugar a trampas y enredos interminables, que arruinan a los pleiteantes, engordan a los curiales, facilitan a los gobiernos el cargar impuestos y derechos sobre las disensiones y juicios eternos a los súbditos?”.

Desconocemos si Barón de Holbach encontró respuesta a tal “existencial” interrogante, pero si este se formulara a los hombres y mujeres del siglo XXI, la contestación de una gran mayoría, probablemente, sería:

Poca confianza o ninguna.

Existen unas quejas constantes, por parte de los ciudadanos, que se replican tanto en España como en otros países pertenecientes a la Unión Europea (UE), respecto a la excesiva y compleja legislación, el retraso de la justicia, la sobrecarga de los juzgados y tribunales y la politización de los órganos judiciales, entre otras cuestiones.

No obstante, muchas veces, ignoran que, una vez agotadas todas las vías del derecho nacional en un Estado miembro, existen unas normas y unas instancias europeas que aplicar y a las que poder acudir para hallar una solución justa y equitativa a su problema.

¿Puedo acudir al Tribunal de Justicia de la Unión Europea?

El Consejo de Europa y la Comisión Europea, conscientes de lo anterior, decidieron, hace ya casi dos décadas, conmemorar el Día Europeo de la Justicia el 25 de octubre de cada año, mediante actos de diversa índole, con el propósito de generar y aumentar la confianza de los individuos en el sistema judicial, poniendo especial énfasis en que conozcan tanto sus derechos como las herramientas de que disponen para hacerlos efectivos.

De lo que se trata es de que el ciudadano de a pie sepa qué derechos puede ejercer, a través de qué procedimientos y ante quién hacerlo, pues de nada sirve tener unas leyes protectoras si estos derechos no se conocen y no se hacen valer, pues, en ese caso, estas reglas se convierten en “papel mojado”.

Por esta razón, con la celebración de esta fecha se pone sobre la mesa, cada anualidad, la necesidad de seguir trabajando, sin tregua, sobre dos aspectos fundamentales:

  • La enseñanza pedagógica, en cuanto a normas y derechos, de una forma temprana y en cada vez más niveles de educación.
  • La obligación, por parte de los profesionales encargados de la formulación de las políticas de la comunidad judicial, de perfeccionar el funcionamiento de los procesos judiciales, haciendo que estos sean sencillos, ágiles y accesibles para todos; y de los órganos jurisdiccionales encargados de su tramitación, de modo que se elimine la zona de exclusión que se forma entre la sociedad y el sistema judicial.

Llegados a este punto, es de recibo destacar y recordar que, si por cualquier circunstancia, un ciudadano estima que la acción u omisión de alguna institución le ha ocasionado un perjuicio, tiene la opción de apelar al Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), el cual se alza como piedra angular desarrolladora y garante de los derechos de los ciudadanos europeos.

El TJUE se compone, a su vez, de dos órganos —el Tribunal de Justicia y el Tribunal General—, y es, junto con los juzgados y tribunales de los Estados miembros, la institución encargada de ejercer la función jurisdiccional en la UE, pudiendo resolver litigios que se refieran a cualquier ámbito de la misma.

La persona que considere haber sufrido un daño podrá acudir al TJUE de una de estas formas:

  • Planteando el asunto ante los tribunales nacionales de su país respectivo, los cuales podrán remitirlo al Tribunal de Justicia.
  • Exponiendo el tema al Tribunal General si piensa que la decisión europea le afecta de manera directa e individual.
  • Iniciando el procedimiento oficial de denuncia ante la Comisión Europea si entiende que la Administración nacional ha quebrantado la legislación de la UE.

Ciertamente, la UE con el TJUE y demás instituciones que la integran simbolizan el esfuerzo jurídico, político, administrativo, etc., de todos los Estados miembros por avanzar en la constitución de una unificación cada vez más sólida, con el objetivo fundamental de crear un territorio donde no exista la más mínima laguna, de cualquier tipo, entre los países que lo conforman.

Sin embargo, conviene ser prudentes, todavía queda mucho por hacer, mucho camino por recorrer y muchos “Días Europeos de la Justicia” por festejar para poder solventar algunas de las discordancias, todavía existentes, entre el ideario, los intereses y las políticas de los Estados miembros.

Quién sabe… quizá, la filosofía pueda resultarnos de ayuda para tomar distancia de la realidad europea y someterla a examen, de modo que cada uno de nosotros reflexione sobre qué puede hacer para mejorarla aún más. Pues la justicia se administra por los tribunales, pero la idea de la justicia es algo que depende de todos.

No cabe duda de que, si Barón de Holbach viviera hoy —de haber nacido con el don de la inmortalidad—, estaría de acuerdo con esto.

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