Globalten Noticia, Opinión

Por Patricio González

Departamento de Auditoría de Agaz [ ]

Por definición, la contabilidad debe reflejar la imagen fiel del patrimonio, de la situación financiera y de los resultados de la empresa, o dicho de otra forma, lo que la empresa tiene, lo que debe y si gana o pierde dinero.

Además, las empresas deben presentar anualmente en el registro mercantil las llamadas Cuentas Anuales, sujetas a unas normas específicas de elaboración, de acceso público a las mismas y que son un resumen de lo acontecido en el año en cuestión.

Pero hagamos un matiz, la contabilidad debería servir para la toma de decisiones de cualquier usuario de la misma: accionista, proveedor, acreedor, cliente, entidad financiera, obligacionista, administración pública… Otro matiz es que, pese a la transparencia y objetividad implícita en la gestión contable de cualquier empresa, en numerosas ocasiones se presentan hechos económicos a registrar contablemente que están sujetos a un determinado grado de interpretación, por no decir que, como en cualquier acción humana, está expuesta a hacerse de ella un mal uso llegando a manipularse. En mi opinión, los dos últimos comentarios tienen un mensaje subliminar: dado que los responsables de la información contable son los administradores y los socios de las empresas, en caso de divergencia, ¿pueden llegar a anteponerse los intereses individuales de éstos a los intereses de otros usuarios y, en su caso, hacer una contabilidad ad-hoc? Me temo que sí y ocurre en más ocasiones de las se piensa. Ahora bien, cada empresa adopta la decisión de “hacer las cosas bien, mal o medio bien” en base a su ética profesional y a sus objetivos empresariales y, asume, en su caso, las consecuencias oportunas.

En todo caso, ante el bombardeo publicitario de los pagarés de empresa de Nueva Rumasa, ¿Cuántos de los compradores de estos títulos sabían realmente lo que estaban comprando? Y de no saberlo, ¿se asesoraron para asegurarse de en qué estaban invirtiendo su dinero? ¿Habrían protestado lo mismo si en lugar de no recibir nada ahora, hubiesen recibido la rentabilidad famosa de sus pagarés? Nuestra cultura nos avoca a atribuirnos cualquier mérito que hagamos y culpar a cualquiera menos a nosotros por cualquier demérito obtenido. Por tanto, en este caso concreto, poco tiene que ver la falta o no de ética y profesionalidad de Nueva Rumasa o la transparencia y objetividad, o no, de su contabilidad, sino más bien la asunción desproporcionada de riesgo por parte de los compradores sin cautela ninguna cejados por las ansias de ganar dinero de forma rápida y sencilla.

Otro de los mensajes publicitarios era el gran patrimonio del Grupo. Nueva Rumasa no era la matriz de ningún Grupo como tal y, por tanto, no estaba obligada a presentar Cuentas Anuales Consolidadas (del Grupo en su conjunto) y, por extensión, no estaba obligada a auditarse dicho Grupo. Si es así, la información del patrimonio de dicho Grupo anunciado en medios de comunicación no podía contrastarse con la depositada en el Registro Mercantil. Si es así, ¿por qué la gente se lamenta ahora cuando en su momento no se interesó por comprobar la integridad y veracidad de la información que se publicitaba?

Ahora es turno de los jueces y de los administradores el juzgar la buena o mala praxis empresarial de Nueva Rumasa. En cualquier caso, sabemos que el dinero es muy goloso pero, como dicen los antiguos, nadie da duros a cuatro pesetas y, si alguien lo hace, desconfíe.

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